Buenas Relaciones. Mt 7:1-12

El pasaje de la semana tiene una clara relación en el trato con los demás. Leyendo estos pasajes, me acuerdo algo que es fundamental pero que muchas veces olvido, ¡Que importante es el trato hacia las demás personas!. No sólo es el segundo mandamiento más importante en la Escritura, sino que el mismo Señor Jesús lo demostró con las personas que tuvo cerca, con los doce, con los setenta, con los ciento veinte, ¡Con las multitudes!. Es más que claro que las buenas relaciones humanas son fundamentales en el desarrollo de la vida, empezando por nuestro propio matrimonio, es fundamental tratar bien a mi prójimo (en este caso mi esposa) con amor y respeto pero también tratándola como a mi gustaría que me trataran. Bajo este parámetro se debería desarrollar todas y cada una de las relaciones que tenemos en nuestra vida, dentro y fuera de casa, dentro y fuera de la iglesia, en todo lugar.

El pasaje se podría dividir en dos partes: El no juzgar (7:1-6) y luego los beneficios del desarrollo de buenas relaciones (7:7-12), empezado por Dios y siguiendo con cada persona alrededor mío.

No juzguemos

Esto lo digo con dolor y con conocimiento de causa. Uno de los lugares donde más críticas he oído es dentro de la iglesia. Lo digo con dolor y con tristeza, porque se da en un lugar donde no debería darse. Yo puedo entender que el mundo, las personas sin conocimiento de Dios juzguen y critiquen, pero ¿Creyentes? ¿Hijos de Dios?. Realmente no concibo tales prácticas. Es claro que no todos los creyentes son así, sino que he notado, en diferentes iglesias, como las críticas destructivas (las constructivas son muy necesarias) han dañado y destruido iglesias.

El Señor delimita un claro principio, de donde se desprenderán algunos principios muy claros en cuanto al juzgar y otros pecados, ‘pecados respetables’ como muy acertada y sabiamente llama Jerry Bridges a los pecados que se han vuelto costumbre e incluso tolerables entre los creyentes como la murmuración, el enojo, los celos, la mentira, etc.

Principio: No juzguemos para que no nos juzguen.

En primer lugar, debemos entender que la razón por la cual no debemos juzgar es porque ya de por sí es una orden del Señor. Si el pasaje dijera solamente: No juzguen; nuestra actitud y práctica debería ser simplemente no juzgar porque es un mandato del Señor. Pero por su gracia y misericordia, el Señor nos da la razón. No juzguen para que no sean ustedes juzgados, bajo el principio de tratar al prójimo con amor, como me gustaría que hicieran conmigo.

juzgarLa palabra juzgar proviene del verbo griego ‘krino’ y se usa 99 veces en el N.T.. Se puede traducir como separar, escoger, aprobar, estimar, decidir si es malo o bueno, gobernar. Se define juzgar como ‘el hábito de censura, la crítica aguda injusta. Significa separar, distinguir, discriminar. Esto es necesario, un pero en un juicio previo (prejuicio) es injusta la crítica, es capciosa’. Básicamente podríamos decir que juzgar es escoger una posición antojadiza, acusativa e injusta contra otro hermano. Juzgar implica criticar, hablar sin amor, tergiversar, impartir juicio, menospreciar, humillar.

Algunos principios que el Señor enseña sobre el juzgar:

  1. No juzgo, para que nadie me juzgue (7:1). Es una premisa de consideración y amor. No juzgo a mi hermano porque sé también quien soy yo, que hago yo y como actúo yo. Quien juzga debe ser irreprensible, sin ninguna falta, sin reprensiones. Quien juzga se hace juez. ¿Quién más que Dios puede hacer esto?.
  1. Con la dureza o misericordia en que emita mis pensamientos, con la justicia o injusticia que emita un juicio, así mismo seré tratado (7:2). Esto no se trata de alguna maldición o una cadena de maldad, se trata de la forma en que creo relaciones sanas o dañinas con las personas. Si hay un hermano cometiendo alguna falta, yo puedo tratarlo justa o injustamente. La forma justa se acerca al hermano que está pecando, con el amor del Señor se le habla, le hace ver su pecado y le invita a corregir. Otra forma puede ser juzgar, criticarle con otro hermano, lo que sería ahora además de juzgar, murmurar. También puedo juzgar prácticas y actitudes que no son pecaminosas en si, pero en las cuales no estoy de acuerdo, o no me gustan como se hacen estas cosas. Creo que es mal muy común y a su vez muy dañino. No puedo juzgar a alguien porque su conducta y actitudes, que no son pecado, simplemente no son de mi agrado.
  1. Juzgar me convierte en hipócrita (7:3-4). Cuando juzgo duramente a otra persona estoy levantando su pecado y minimizando el mío. La mentira del otro es más grande que la mía. Yo me enojo porque tengo razón pero cuando el otro se enoja si es pecado. Estos casos se viven a diario por los pasillos de las iglesias de todo el mundo. La actitud de esta persona que juzga es motivada por diferentes causas: Celos, enojos, envidias, murmuraciones, orgullo, más pecados respetables. No puedo ayudar a mi hermano si yo estoy en una condición peor que él, no puedo ayudarle a crecer si yo no estoy creciendo, no puedo ayudarle a corregir alguna actitud incorrecta si las mías aún siguen en oscuridad. Primero corrijo mi vida, luego ayudo. ¡No puedo ser hipócrita!.

El versículo 6 me encanta: “No deis lo santo a los perros, no echéis vuestras perlas a los cerdos”. Hay cierto tipo de actitudes que cierto tipo de personas asumen en cuanto a la corrección, actitudes de menosprecio, actitudes típicas del necio de Proverbios. No vale la pena instruir y ahondar en los principios tan claros de los versículos 1-6 en personas que no lo valoran.

El Dr. Constable lo explica de esta manera: ‘Los cerdos eran por lo general, animales feroces, salvajes e inmundos. Del mismo modo la mayoría de los perros no eran animales domésticos, sino criaturas salvajes, impuras y despreciados. Los perros se vuelven y despedazan los regalos especiales, los cerdos pisotean las perlas lanzadas antes que ellos (cf. Prov. 11:22). Lo que es santo y las perlas en esta ilustración representa, evidentemente, la buena noticia anunciando el reino. Los cerdos y perros probablemente no representan todos los gentiles, sino personas de cualquier raza que reaccionan a las buenas nuevas rechazando e ignorando tales enseñanzas’.

Creo que si hemos aprendido verdades como estas, no son solamente para llenar nuestra cabeza de conocimiento y más datos de la Biblia, sino para practicarlas, para dejar de juzgar y buscar al hermano. Si lo hago, seré comparado al sabio, si no lo hago, a las actitudes de los animales del pasaje.

Buenas relaciones

5552a11d177f9Mayormente se interpreta este pasaje en relación con la oración, pero el pasaje va más allá, apela a la construcción de buenas relaciones, primeramente con Dios y luego con los hombres. El que pide, recibe; el que busca, encuentra; al que llama, se le abrirá. Cuando construyo buenas relaciones podré participar de la comunión, del beneficio del cuido mutuo, del amor mutuo y el crecimiento a través de buenas relaciones.

Principio: Trato a las personas como quiero que me traten a mi.

Es increíble como el orgullo humano no nos permite crear buenas relaciones con otras personas cercanas. Digo orgullo porque no queremos pedir ayuda en necesidad porque nos da pena, no queremos perder nuestra imagen, no me rebajo a contar mis debilidades, me molesta que me corrijan. Es fundamental que como creyentes sepamos cuales son nuestras debilidades y sepamos pedir ayuda cuando sea necesario. No es malo mostrar nuestra vulnerabilidad para pedir ayuda, para buscar, para llamar. El principio de formar buenas relaciones con Dios y los hombres lo evidencian los versículos 11-12.

  1. Al formar una buena relación con Dios, de seguro recibiré solamente sus bondades. 7:11. Santiago dice que toda buena dádiva, todo buen regalo procede del Señor. Juan dice que no recibimos porque no pedimos bien, porque pedimos para nuestro placer. El formar una sana relación con Dios, me llevará a vida abundante en Cristo.
  1. Al formar una buena relación con los hombres, desarrollaré una relación de crecimiento reciproco. 7:12. Al estar en una buena relación, podré tratar a las personas de una buena manera, con amor, con piedad. Es claro que no siempre tendré el mismo trato de vuelta, pero, quizá muestre una buena conducta pero no reciba lo mismo. La intención de hacer lo bueno está en obedecer a Dios y imitar su santidad, no en recibir algo a cambio. Si lo hago y no sucede, pues yo fui obediente al Señor. Pero si lo hago y la respuesta es positiva, es el mismo buen trato estaré desarrollando una buena relación con personas en que vale la pena estar, con quien puedo crecer. Una buena relación es un tesoro de incalculable valor.

El trato con personas no es fácil, es complicado, conlleva muchísimo trabajo; pero cuando se alcanza conseguir una buena relación no habrá intención de juzgar, habrá un trato de amor, respeto, cortesía, fraternidad en Cristo. Construir relaciones con es fácil, implica un serie de actos de perdón, tanto en darlo como en recibirlo, en gracia, apoyo, esfuerzo y sacrificio. Cuando esto sucede, de seguro una buena relación eterna está en desarrollo y esta seguirá por la eternidad.

¿Tiene usted buenas relaciones y profundas con personas espirituales que procuran su crecimiento espiritual?

¿Aplica estos patrones el Sermón del Monte en su matrimonio? ¿Con sus hijos?

¿Entiende usted que es una llamado supremo para trabajar en formar una buena, profunda e íntima relación con Dios?

Construya relaciones que sean eternas con parámetros eternos, no pasajeros.

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