Unidad, ¡Hoy!

Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres…

Hechos 5:12-14

He notado últimamente como con frecuencia personas, grupos, movimientos, grupos creados en redes sociales sin un el respaldo de una iglesia o ministerio, acusan al mundo de sus actos pecaminosos, recriminando, acusando y atacando sus pecados como si fuera algo nuevo o fuera de lo normal. Aclaro, no estoy de acuerdo, no justifico ni excuso sus pecados, creo que son incorrectos, que ofenden a Dios y deberían detenerse de hacerlos. El pecado condena y separa de Dios. Particularmente pienso también, que el mundo no es llamado a vivir en santidad como nosotros, la iglesia, si somos llamados a hacerlo, y la forma en que debemos ganar a este mundo perdido sin Cristo y muertos en sus delitos y pecados, es a través del mensaje de salvación y amor con que nosotros fuimos ganados, un mensaje que predique el pecado, la condenación, la cruz, la resurrección, el amor, el perdón y la fe. Es lógico que el mundo viva en pecado, nació en pecado, está muerto en sus pecados pero sobre todo necesitan ser rescatados por el Señor del pecado.¿Cuál debe ser entonces mi actitud hacia el mundo?. Firmemente creo que nosotros com iglesia estamos fallando de cumplir nuestras labor de sal, ser luz, ser los instrumentos en las manos de Dios, y fallamos cuando dejamos de ser y hacer quienes somos y lo que debemos.

El pasaje de Hechos 5:12-17, son notables dos acciones: Los milagros del Señor y la unidad de los creyentes. Dice el versículo 12 que el Señor hacía milagros a través de los apóstoles y que ellos permanecían en común acuerdo, en unidad. Esto generó un gran respeto y estimación ¿Por quién? Por el pueblo, por el mundo de quien estamos hablando. Luego, fuertemente como una flecha da en el blanco dice que “más y más creyentes en el Señor, multitud de hombres y de mujeres se añadían” (NBLH). La salvación de estas personas se dio cuando, cuando el Señor hacía los milagros y los creyentes permanecían juntos.

Hoy, en nuestro entorno diario no es común ver milagros maravillosos como estos narrados en Hechos, creo que el Señor está obrando en una manera particular apelando a la fe. El Señor puede hacer estos milagros una vez y mil veces más. Pero sin duda los milagros suceden, suceden cada día, constantemente, suceden cuando el Señor sigue haciendo milagros transformadores en nuestra vida, cuando Dios cambia mi pecado en piedad, cuando dejo de mentir y empiezo a decir la verdad, cuando dejo de ser inmoral y vivo en la pureza, cuando dejo los pecados pasados y vivo en la santidad de hoy. No hablo de mera reforma personal o cambio de costumbres, hablo del proceso santificación que el Señor hace en mí cada día, como él me va transformando en su gracia y poder, en su amor y santidad. Santificación, no reforma, no rehabilitación o religiosidad. Santidad.

La iglesia está fallando, fallando en mostrar lo que Dios ya hizo en nosotros porque nos lo guardamos, los escondemos y no mostramos la nueva criatura que somos. Pero también la iglesia está fallando en permanecer unidad, en acuerdo. Evidentemente hay posiciones extra bíblicas con las que no deberíamos tener lazos ya que enseñan y practican falsedad creadas por los hombres, pero la iglesia no está unida, nuestras iglesias locales no están unidas interna ni externamente. Pleitos, celos, competencias, chismes, hipocresías, dominio son algunas de las más leves palabras que encontré para describir la falta de unidad de la iglesia, tanto los creyentes como las autoridades en algunas iglesias y ministerios. Evidentemente no todas, hay iglesias y hermanos que son dignos de notar por su unidad, amor y comunión, aún quedan, como en los tiempos de Elías, hombres y mujeres que siguen siendo al Señor en unidad, cooperación y santidad. En sentido general, un mal que aqueja la iglesia es esta falta de unidad.

Entonces, ¿Qué está viendo el mundo?. Personas que conocieron a alguien que se hizo de otra ‘religión extraña’ y siguen siendo el mismo tipo de personas con las mismas malas prácticas que antes, que no hay una transformación ni santificación en sus vidas, personas hipócritas que no crecen. ¿Qué está viendo el mundo? Una iglesia dividida, separada, ególatra, narcisista, que no muestra suficientes evidencias de santidad ni unidad. Eso es lo que el mundo hoy ve. Creo que es una excusa válida para decir, “por eso no creo”. No es justificación, es excusa para no creer al Señor, pero como somos tropiezo y estorbamos en nuestra labor de ser luz y sal, de amar al Señor con todo nuestro corazón y al prójimo como a mi mismo.

Me hice esta pregunta: ¿Encuentro en mí mismo evidencias como el Señor está santificando mi vida?. También me pregunté, ¿Estoy siendo una agente de unidad en la iglesia, alguien proactivo y no reactivo? ¿Se atrevería a hacerse estas mismas preguntas y contestarle al Señor?.  Es tiempo ya de dejar de hablar de milagros y unidad, es tiempo de comenzar a vivirlos.

Creo que estamos viviendo un tiempo muy especial de la historia, un tiempo donde somos testigos de grandes cambios. Alguien dijo que estamos viviendo en el balcón de la historia, podemos ver muchos siglos hacia atrás, podemos ver nuestro presente tiempo real en todo el mundo, ver el futuro con seguridad y expectativa. Como creyentes sabemos que el mundo no va a mejorar, no va cambiar, lamentablemente el proceso de degeneración del hombre continua vertiginosamente, pero también creo que cada día tenemos una oportunidad, un nuevo amanecer, de vivir hoy como aquellos pobres y valientes primeros creyentes vivieron su fe, valientes, bravos, tenaces. Hoy, más que nunca, debemos afirmar los simientos de la iglesia, las prácticas de amor, santidad y unidad. El mundo no va a cambiar, nosotros si podemos corregir y terminar de cumplir la misión encomendada por el Señor hace muchísimos años atrás.

AAL

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