¿Religión o relación?. Mt 6:1-15

La palabra religión proviene del latín ‘religio’, la cuál se forma con el prefijo re- que indica intensidad, el verbo ligare que significa ligar o amarrar y finalmente el sufijo -ion que denota acción o afecto. Entonces religión signica “acción y efecto de ligar fuertemente con Dios”. El problema de la religión es que es el intento del hombre de religarse con Dios, por sus medios y fuerzas, mientras que la piedad procede de una relación íntima con el Señor, del constante crecimiento y mi relación con el Señor.

El Señor continua con el sermón del Monte, un mensaje principal tanto en el evangelio de Mateo como en el N.T. ya que nos presenta a nuestro rey, el Señor Jesús en toda su sabiduría. Vimos en Mateo 5 las bienaventuranzas (5:1-12), nuestro llamado a ser luz y sal , a vivir de acuerdo a los principios del reino (5:13-16) y finalmente el Señor profundizó en la ley judía (estamos en contexto judíos todavía, aún no inicia la iglesia, sino hasta Hechos 2) yendo más allá del simple mandando frío, sino extrayendo desde lo profundo los principios de santidad y amor al Señor. Ahora, en el capítulo 6, el Señor parte de una declaración muy interesante, muy apropiada para los creyentes amantes del Señor, para los fariseos de aquellos tiempos y muy adecuada para la iglesia actual:

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.” (RVV 60).

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de otra manera, no tenéis galardón de vuestro Padre que está en los cielos”. (BTX)

“Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de otra manera no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos” (NBLH)

Esta declaración va a regir el resto del capítulo, de como el Señor pretende que se hagan las cosas. El hombre en su intento de acercarse a Dios, tiende a tomar diferentes acciones, algunas legalistas y fariseas, otras liberales y relativizadas, dando más importancia a la acción que al que se le está ofreciendo la acción. Leí recientemente una frase emulando la oración de un padre y decía así:

“Dios, cuida de mis hijos, porque yo no puedo estar siempre cerca de ellos, pero tu sí”.

En primer plano pareciera una linda oración de padre amoroso, y quizá lo sea, podría también hablarse de la verdad de la omnipresencia del Señor. Pero mi pensamiento es este: Y cuando el padre, ya no necesita de Dios porque él está presente. ¿Dónde está la confianza del cuidado de mis hijos?. Esta debería estar en Dios, confío en Dios estando yo presente o ausento, porque él es quien cuida de nosotros. No puedo juzgar o criticar a quien haya pensado o escrito esto, quizá hasta tenga razón, el punto es que a veces acomodamos a Dios a nuestra conveniencia y forma, sin importarnos lo que Dios diga o establezca.

Establecemos nosotros lo importante de la ofrenda, la necesidad de la oración, pero a veces pasamos por encima lo que el Señor busca en estos pedidos. Continuando con su sermón, el Señor ahora nos enseña lo importante que es actuar basados en la intimidad de la relación  que tenemos con el Señor y no exaltar la liturgia, religión o meros actos que llamamos de fe. Las acciones de la piedad, las acciones de que deberían ser un fruto de la relación con el Señor como lo son la ofrenda, la oración, el ayuno entre otros, deben ser en función del Señor y no de las tradiciones, ordenes o ritos. Es claro el ejemplo actual de los traficantes de la fe, aquellos que negocian con la fe de las personas, que lucran, que pervierten el nombre del evangelio llamándolo de la prosperidad económica. Nunca fue ese el plan de Dios, nunca es es el concepto de la ofrenda, sino que es la manipulación humana en la religión. Los hombres que buscaban a Dios en aquellos tiempos podían caer en estos legalismo, los fariseos de aquellos tiempos las practicaban con toda mala intencionalidad. Hoy, en casi décadas del siglo XXI, hay hombres y mujeres que pervierten la fe y quieren engañar, el enemigo de nuestras almas también lo quiere hacer, usted y yo somos potenciales víctimas de estas prácticas. ¡Qué mejor que sumergirnos en la palabra de Dios, para saber qué es lo que él quiere!. A eso nos quiere guiar Mateo, a prácticas en la intimidad con Dios, en el pasaje de hoy, la ofrenda la oración.

Cuando Mateo exhorta a no hacer nuestra propia justicia, aparte de salirnos de los parámetros de Dios para obrar, también se relación con la motivación y recompensa. ¿Por qué hacemos las cosas?. Muchas veces somos tentados y caemos en la trampa, y por cierto me incluyo en primer lugar, de hacer las cosas por y para los hombres. ¡Que grave error!. He estado en el ministerio por alrededor de 13 años y con vergüenza debo confesar que muchas veces hice cosas por y para las personas, no por convicción y amor al Señor, sino porque es lo que corresponde hacer. Es una de las cosas más vacías y vanas que hay, servir al ojo. Mi propia justicia es simplemente practicar mi religión, por tradición y no por fe, por los hombres y no por Dios, porque si y no porque nace del corazón. Cuando haga las cosas por los hombres y para los hombres, mi recompensa es su reconocimiento, su aplauso, su aprobación, eso es todo. Esa es toda la recompensa, esa es toda la ganancia. No hay más, porque fue para ellos y no para el Señor. Esto nos pasa con la ofrenda y la oración.

La Ofrenda

La ofrenda es una acto privado, íntimo. Nadie debe, ni puede, forzarnos a dar la ofrenda, decir cuanto, cómo o a quién, ¡Nadie!. Eso no quita la responsabilidad que tenemos de ofrendar. En este caso especifico está hablando de la limosna que se da a los pobres, a aquellos que no tenían. Cuando un acto de piedad nace, cuando un acto de amor al Señor reflejado en las personas nace en nuestro corazón, debe ser privado, es algo entre el Señor y la persona, por amor a él y a prójimo. Cuando es público, la recompensa viene de la felicitación del hombre, pero al ser privado es el Señor quien recompensa.

El Señor usa una metáfora, que una mano no sepa lo que hace la la otra, muestra un profundo nivel del privacidad, de intimidad con el Señor, es un asunto entre Dios y la persona. Los fariseos acostumbraban a hacer públicas sus ofrendas, que todos supieran que estaban dando y cuanto estaban dando. No debe ser así hoy. La ofrenda es un fruto de la piedad que necesitamos vivirla a plenitud de la intimidad del Señor.

La Oración

Otro elemento de la piedad, es más indispensable en el desarrollo de la vida cristiana es la oración. Las largas oraciones, con palabras elevadas y exclamaciones de profunda piedad nunca han sido de las favoritas del Señor. Los fariseos hacían eso constantemente haciendo alarde de una falsa piedad. Delante de los hombres parecían piadosos, pero realmente estas actitudes religiosas y legalistas solo mostraban lo contrario.

La oración que ama el Señor es la íntima, en la soledad de nuestro cuarto, en el caminar por la calle con las palabras diarias y sencillas de nuestro corazón. Temores, alegrías, sueños y lágrimas es lo que esperar oír el Señor, en la intimidad, en la soledad. Si bien es cierto son necesarias las oraciones públicas en nuestros cultos modernos, soy de la creencia que deben ser cortas y elocuentes, pero en lo privado deben ser extensas y profundas.

Les comparto brevemente el bosquejo que Samuel Pérez Millos hizo de la oración llamada el Padre Nuestro:

La oración: 6:5-15

  1. El modo de orar: 6:5-8.
  2. El ejemplo de la oración. 6:9-13.
  3. La disposición de la oración. 6:14-15

El padre nuestro no es una oración que tenemos que repetir en forma metódica, sino un modelo que contempla cuatro aspectos básicos de la oración según el Dr. Ryrie:

  1. Alabanza.
  2. Confesión.
  3. Peticiones.
  4. Gratitud.

La oración es un área donde muchos creyentes fallamos, y una de las razones por las cuales fallamos es la religiosidad. Fallamos por ser religiosos tanto en la ofrenda como en la oración. Fallamos porque queremos agradar a Dios, religarnos con Dios a través de liturgia o actos simples y no com frutos espirituales nacidos de un íntima relación con Dios. El solo practicar una religión es practicar nuestra propia justicia, tener una relación con Dios y vivir en abundancia de frutos espirituales se reflejan en acciones de amor al Señor y su obra. Cuidado con tener una religión en lugar de una relación con el Señor y que las obras que nazcan no sean liturgia sino fruto de comunión con Dios.

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